La relación de la empresa con el entorno se hace cada vez más importante, en un mundo que ha entendido que el desarrollo de las comunidades, no es solo problema de sus gobernantes.
Las empresas socialmente responsables han asumido el compromiso de actuar en las entidades donde se desenvuelven y han aceptado la evolución de unos conceptos que indican que el verdadero desarrollo y el verdadero aporte consiste en propiciar el conocimiento individual, a través de la educación, la motivación y el incentivo a la participación en cada individuo, incluyendo a los de la propia empresa, porque solo una buena preparación individual permitirá alcanzar el éxito colectivo; y este principio tiene que ver tanto con la participación de ese individuo dentro del desarrollo de la compañía donde trabaja, como en su participación en el desarrollo de su entorno social inmediato.
De esta forma la empresa se involucra de forma directa en el desarrollo del país al cual pertenece o en el que trabaja. Aquellos tiempos en los que se pensaba que la empresa no tenía que ver para nada con su entorno social han quedado atrás, porque además en la medida que la empresa ha desarrollado su capacidad de interrelación con su recurso humano entiende que a su vez, este se desempeñará mejor profesionalmente si se favorece su desarrollo y capacitación.
Pero en la medida que se toma conciencia de estas necesidades también se ha de entender que la relación empresa-entorno no se logra de la noche a la mañana y si su consecución está dentro de los objetivos inmediatos se debe tener claro que se habrá de realizar un proceso interno que conduzca a transitar dicho paso de una manera cónsona con las necesidades de la empresa.
Es por ello que se insiste en que plantearnos un acercamiento a lo social como un aspecto complementario a nuestra actividad diaria es totalmente válido, pero no debe ser algo empírico a lo cual nos aproximamos basados en suposiciones o en actividades que son de nuestro agrado personal.
Cuando la empresa se acerca a lo social debe procurarse una intermediación profesional que conduzca al análisis, en función de un esclarecimiento sobre las exigencias de la empresa y a la realización de evaluaciones tanto cualitativas como cuantitativas. Son estas evaluaciones las que nos hablarán con mayor certeza sobre lo que deseamos y lo que debemos hacer, su validez y la relación que hay que establecer con lo que nos rodea. |
Con el fin de disminuir riesgos estratégicos asociados a la subjetividad normal que se produce en los integrantes de la empresa, la cual puede impedir que se detecten señales del entorno y del mercado en el cual se mueve la empresa y de la misma organización interna, es cada vez más importante la participación de consultores externos especializados en el área. El campo de la consultoría para las áreas de inversión, mercadeo y responsabilidad social debe estar formado por profesionales que ofrezcan el respaldo de equipos multidisciplinarios ya que con ello se garantiza la posibilidad de realización de un programa en el que se puedan ejecutar acciones relacionadas con cualquiera de los sectores que surjan como resultado de esas evaluaciones iniciales.
El mercado de la comunicación estratégica ofrece hoy en día la inversión social como una vía alterna y en la mayoría de los casos complementaria, permitiéndole a la empresa interesada la posibilidad de llevar adelante programas que abarcan sectores que hace un tiempo atrás hubieran resultado inimaginables como ámbito de interrelación en el desarrollo de la empresa.
Es ese consultor externo quien tiene la responsabilidad de llevar adelante el interés manifestado por la empresa desde el momento mismo en que se enfrenta el proceso de análisis del entorno.
Esa etapa de análisis es fundamental porque es el momento en que se produce el primer acercamiento a un tema que hasta ese entonces era sólo parte de una inquietud o de un hecho teórico. Es el momento en que comenzamos a descubrir que la expectación inicial tiene otros valores que hasta entonces desconocíamos y que si no son tomados en cuenta, difícilmente podremos obtener resultados satisfactorios.
Es por ello que esta primera etapa podría ser considerada como la de descubrimiento, la cual sin duda nos conducirá a enfrentarnos a una serie de interrogantes, que incluso en algunos casos generan una sucesión de vacilaciones que no son otra cosa que el desafío entre un ideal teórico que habíamos estado manejando de forma individual y la realidad que emana de lo colectivo, que es finalmente lo que debe convertirse en un hecho práctico.
Lo colectivo está allí, a la espera de una señal para accionar, ya sea dentro de las paredes de la empresa, como fuera de ella, pero lo más importante es tener claro que ese accionar debe tener objetivos concretos y propuestas cuyo trabajo se desarrolle por objetivos para alcanzar la meta final en el largo plazo, con lo cual se garantiza a su vez efectos más duraderos. |